miércoles, 4 de junio de 2014

Manual del líder sin carisma

Empezaré aclarando que este es un artículo para un entorno mercantil. El liderazgo del que escribo está vinculado al éxito profesional. Cuando uno habla de sus dotes de liderazgo en una entrevista es porque quiere mandar (y cobrar por ello), y no imitar a Jesucristo, con todos mis respetos para este último.

Para no marear con referencias, me centraré en la primera acepción de la definición de líder de la RAE, que me parece reveladora: “Persona a la que un grupo sigue, reconociéndola como jefe u orientadora”. Vuelva a leerlo. El truco está en observar que lo verdaderamente importante para ser el líder es convencer a otros: los seguidores.

Seguramente, el adjetivo que le vendrá a la mente cuando piensa en un líder (porque además lo he puesto en el título), es el carisma pero ¿y si usted no lo tiene? Volviendo a la RAE, es un Don gratuito de Dios y, como tal, no nos lo dieron a todos. Bueno, a mí sí, que a saber quién lee este artículo.



Estamos en que usted reconoce que no tiene carisma pero, aun así, se empeña en ser líder remunerado a toda costa. Pues bien, está leyendo en el sitio adecuado, ahí va la receta.
1.- Elija el contexto apropiado.
Su contexto ideal son grandes corporaciones donde el nivel de gobierno sea caótico, enrevesado o simplemente inexistente. Le conviene que existan estructuras gerenciales poco cualificadas donde las responsabilidades sean difusas y los resultados  difícilmente medibles. La empresa que elija debe tener la supervivencia asegurada en base al monopolio u oligopolio que le otorgue el tamaño o la concesión gubernamental. Dentro de ella, sus áreas de actuación serán aquellas consideradas como gasto y nunca como inversión salvo que esta sea a muy largo plazo y no tenga impacto significativo en el porvenir de la compañía.
2.- Empiece siendo un seguidor.
En este punto, lo más importante es su propia elección de líder. Intente buscar uno también sin carisma, que haya logrado su posición por suerte, porque era el más antiguo cuando el predecesor se marchó o porque leyó este manual en viaje astral al futuro. También es imprescindible que tenga ambición ya que de su suerte dependerá de la suya.
3.- Centre sus capacidades de influir en su líder.
Todo líder necesita atraer seguidores pero no unos cualesquiera sino aquellos que sean útiles para sus propósitos. Debe convencer al suyo de que le es útil en alguna de las facetas que requiere para sus aspiraciones. Puede que usted no destaque por sus cualidades profesionales pero las puede sustituir por otras igual o más valiosas. La capacidad de intrigar y el servilismo serán apreciadas si siguió adecuadamente los dos puntos anteriores.
4.- Sea leal incondicionalmente.
Si usted ha reconocido que no tiene carisma es que tiene una cierta inseguridad en sí mismo y, de igual manera, la tendrá el líder elegido. No destaque de manera que pueda parecer una amenaza para su líder. Insista en el servilismo y ponga todos los medios de que disponga para que su líder consiga su objetivo y promocione. Arróguese todos los éxitos que pueda y ponga en duda la fidelidad de sus posibles competidores.
5.- Una vez conseguido el primer peldaño, consolídelo.
Vamos a suponer que todo ha ido bien y consigue el primer objetivo: su líder promociona. Según lo previsto, usted será promocionado por extensión. Con seguridad, sus nuevos seguidores le odiarán por haberlo conseguido como lo ha conseguido y usted los necesita para su siguiente peldaño. No se preocupe, tiene solución:
1.- Deshágase de los líderes naturales que pudiera haber en el grupo. Esos que sí tienen carisma basado en la superioridad moral o técnica.
2.- Los seguidores restantes serán volubles. Para conseguir su adhesión, genere expectativas de privilegio para aquellos que sirvan a sus propósitos. No es necesario tener capacidad de darlos, basta con la expectativa. Una vez que usted promocione, el problema será de otro.
6.- No se pare.
Como ya se habrá dado cuenta, su victoria no es sostenible en el tiempo. A los seguidores no se les puede engañar eternamente. Puede utilizar su autoridad sobre ellos, ser impertinente e incluso grosero pero se quedará sin los valiosos. No desespere. También hay solución: vuelva al punto 2 de este manual e itere. Ahora bien, ha subido usted de división y puede que compita con otros como usted. Necesitará recurrir a estrategias más sibilinas pero, si ha llegado hasta aquí, estará preparado para la batalla.

Me daré por satisfecho si he conseguido arrancar en usted la sonrisa. Si me ha tomado en serio, hágaselo mirar. El individuo que siga este guión será, además de un miserable, un cáncer para su organización y para quienes le rodeen. Antes o después, caerá dejando una estela de caídos. Es intrínseco a los individuos el deseo de mejorar y progresar dentro de sus empresas. Para ello, como seres racionales, analizan las circunstancias y la información de que disponen, tomando la opción más beneficiosa según su propia escala de valores. Las empresas tienen la capacidad de actuar sobre las circunstancias e influir en los valores. Pueden contribuir a que los individuos tomen decisiones consecuentes, fomentando el liderazgo natural, forjado a base de capacidades tanto técnicas como morales. No todas las personas pueden ser líderes pero lo importante es que, los que tengan la capacidad, puedan desarrollarla y, los que no la tengan, sientan admiración y orgullo por trabajar a su lado. Es por eso tan necesario que las empresas crean en los conceptos de gobierno y tomen conciencia de la necesidad de trabajar los modelos organizativos pero esto lo dejaremos para otro artículo.

Publicación original en Vector ITC-Group

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