lunes, 14 de julio de 2014

¿Quién se ha llevado mi queso? Reflexión sobre el liliputiense cobarde.

Imagen cortesía de Grant Cochrane.
freedigitalphotos.net
En los últimos días ha vuelto a mi memoria un best seller en libros de autoayuda de finales de los 90. Se trata de “¿Quién se ha llevado mi queso?”  (Spencer Johnson, 1998). Es un libro de apenas 100 páginas que me leí mientras esperaba en un aeropuerto. Narra la historia de una pareja de ratones y otra de liliputienses que se alimentan de queso. Viven en un laberinto junto a un almacén que encontraron hace años donde el queso siempre ha abundado pero que, por alguna razón, ha empezado a escasear. El autor nos describe la actitud de cada individuo ante los signos evidentes de que el queso se acaba y como enfrentan la búsqueda en el laberinto de un nuevo almacén.




A través de este cuento, nos anima a superar el miedo a lo desconocido. A observar las señales de nuestro entorno y encarar los cambios aprovechando nuestras habilidades. Como era de esperar, hay valientes que se adentran en el desconocido laberinto en busca de otros almacenes y cobardes que se quedan esperando a que el queso brote de nuevo, ignorando la evidencia de su fin. Pues bien, quería hacer mi interpretación sobre el liliputiense que se queda, en el supuesto de que el queso sea una metáfora de su empleo. Es cierto que al perder la costumbre de cambiar, se pierde la confianza en uno mismo pero también puede que haya disfrutado del queso sin pensar que se pudiera acabar. Para este liliputiense, la posibilidad de que brote de nuevo queso es superior a la de encontrar un nuevo almacén donde le admitan.

Un detalle que el libro omite es que uno de los factores que hace que ratones y liliputienses se asienten en un almacén es que, con el tiempo, la cantidad de queso que reciben es mayor y más sabrosa. La mayoría nos consideramos habilidosos en nuestro trabajo (o, al menos, tanto o más que nuestros compañeros) y, por extensión, merecedores de nuestro salario. Ahora bien, al poner nuestra habilidad en el mercado, tememos que la remuneración sea inferior a la percibida en la actualidad. También nos jactamos de nuestro esfuerzo pero nos aterra que, al ir a otra empresa, no seamos capaces de alcanzar los estándares de producción esperados. El motivo es que la antigüedad implica un salario de eficiencia, derivado del conocimiento de la empresa, que en la nueva ubicación no existiría. De esta manera, en el cuento, los individuos valientes serían aquellos que aprovecharon la antigüedad para acumular experiencia valiosa para el mercado. El cobarde, aquel que solo acumuló años. En mi trayectoria he huido de lugares donde el “queso” se acababa y conmigo huyeron otros pero no porque fuéramos más valientes ni más listos sino porque teníamos más medios.

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