martes, 3 de febrero de 2015

¡Por fin soy jefe! ...y me está matando.

¡Por fin soy jefe! Mis superiores han reconocido mi esfuerzo. Gano más dinero y hago cosas nuevas. También es un nuevo escalón en la escala social. Ahora mis iguales en el ámbito profesional son otros. Sinceramente, solo llevo unos meses en el cargo y ya me he acostumbrado a mi nueva mesa, a la plaza de parking y al sueldo, que ya no me parece tanto. Además, esto no es tan bonito como parecía al principio:

Hagan lo que hagan mis subordinados, la culpa es mía ante mis superiores.


A algunos de mis subordinados, antes compañeros, les percibo un tanto hostiles. No todos se lo toman bien cuando les digo que hagan algo de otra manera o, simplemente, que han hecho algo mal. Aunque intento poner todo el tacto posible se ponen impertinentes. Me dan tentaciones de blasfemar a voz en grito pero claro, ahora soy el jefe y no puedo permitirme una explosión de carácter con ellos. No sería justo dado que puedo condicionar en su desarrollo profesional.

Antes de ser el jefe tenía un montón de ideas pero ponerlas en marcha no está siendo tan fácil. Tengo que tomar alguna decisión traumática, como amortizar algunos puestos, cambiar a algunas personas de ocupación o cambiar horarios.

Mi estrategia tiene que dar frutos y hacerlo en un plazo razonable. Mi departamento debe funcionar mejor y cumplir expectativas en todos los sentidos: mis superiores deben estar satisfechos y mis subordinados motivados. Si no lo consigo, tendré que dimitir.

He estado hablando de estas preocupaciones que me quitan el sueño con Alberto. Un compañero a quien ascendieron al mismo tiempo que a mí y opina que le doy demasiadas vueltas. Me ha dado algunas recetas que mejorarán mi situación:

Nunca te eches la culpa de nada. Si algo sale mal, no dudes en echarle la culpa a quien sea que la haya cagado de tu equipo. Tu jefe hará lo mismo contigo.

Desahógate a gusto con tus subordinados. ¡Sólo faltaría que viniera alguno "subidito"! Para borde, tú. Como eres el jefe no te rechistarán. Bastante tienes con soportar las salidas de tono del tarugo de nuestro superior al que, encima, tenemos que poner buena cara.

Ni se te ocurra tomar decisiones "traumáticas" salvo que te venga de "arriba". Si las cosas se ponen feas, tu suprimes a quien haga falta. No sé de dónde sacas esa tontería de dimitir. ¿Tú crees que tu jefe lo haría? Antes te echaría a ti y se lavaría las manos diciendo que le viene impuesto.

¿Y eso de dar la oportunidad a otros? Me parece bien si tú consigues ascender y dejas tu plaza vacante pero sino, tu aferrado ahí hasta la jubilación.

Hacer lo que me dice Alberto me genera algunos conflictos éticos pero la verdad es que a él se le ve mucho más feliz. Más integrado con sus nuevos colegas que yo, que me tienen cierto recelo.

¿Qué debería hacer?

¿Qué harías tú?


Imagen cortesía de Stuart Miles
FreeDigitalPhotos.net

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